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lunes, 6 de febrero de 2012

EL A.T. EN LA ESCUELA



En todos los casos la primera tarea del a.t. es el desarrollo de un vínculo de reconocimiento mutuo y cierta confianza con el niño.
En pocas situaciones se observa con tanta claridad la función intermediaria del a.t. como en el acompañamiento escolar. Para ejemplificar  caso de Lucía, una niña de 9 años de edad que habia desarrollado síntomas fóbicos con una intensa angustia ante la situación de separarse de su madre. La niña no toleraba estar lejos de ella ni siquiera durante unos minutos, aferrándose literalmente al cuerpo de su madre. Esta situación había tornado imposible la asistencia de la niña a clase ya que el desborde de angustia devenía en escenas de llanto incontenible ante cada intento de la niña permaneciera en la escuela. Habiéndose agotado las inasistencias previstas en el reglamento escolar se corría el riesgo de que la niña perdiera el año educativo. La psicoanalista convoca a una a.t. con la finalidad de intentar una contención in situ que haga posible la asistencia a clase de Lucía. Desgarradoras escenas de llanto desesperado, súplicas y promesas se sucedían ante cada intento de llevar a Lucía a clase. La angustia materna completaba la escena y hacía que cada vez que  la niña lograba hacer un movimiento hacia la separación, este era frenado, desalentado, de manera sutil e inconciente. La captura de las figuras significativas en la trama sintomática requiere de la intervención de un tercero que pueda analizar, interpretar, contener y acompañar concretamente en la separación de la madre y la inclusión en el. grupo social Compañeros-Escuela. 
En la mayor parte de los casos que llegan a psicoterapia, esa función es cumplida por el psicoterapeuta de niños que habilita un espacio para que el niño pueda desplegar su conflictiva, sus miedo, sus deseos. No obstante, hay casos en los que, ya sea por  la gravedad de los síntomas  o por los daños asociados a los mismos (en este caso la pérdida del año escolar) se hace necesario que alguien cumpla con esa función en el aquí y ahora  concreto de la escuela. Para ayudar a Lucía se incorporó al equipo a una a.t. quien intentaría contener y acompañar a la niña y posibilitar el desprendimiento de la mano materna. Así ambas (niña y madre) podrían experimentar el reencuentro al final del día escolar.
La a.t. hace de objeto transicional, tranquilizador, contenedor, para la niña. Participa de todos los sistemas involucrados pero no pertenece totalmente a ninguno de ellos (familia, escuela) excepto al sistema equipo terapéutico, pero este de por si ya cumple una función tercera respecto de los otros. Esa ubicación le permite adecuarse y moldearse a las ansiedades y deseos de la niña, sosteniéndola en ese pasaje necesario para luego soltarla gradualmente. Posibilita una experiencia que de otra manera no tendría lugar. Posibilita sin protagonizar. Acompaña hasta el borde del escenario.
En el caso de Lucía se trabajó con una a.t. que concurría diariamente a la escuela antes del horario de ingreso. Recibía  a la niña en la puerta de la escuela.  En un primer momento las escenas eran dramáticas: madre e hija aferradas llorando en el taxi que las traía. La a.t. no forzaba la situación pero insistía y contenía a la niña. Llamativamente la angustia de la niña disminuía cuando el taxi, con la madre en su interior, se perdía de vista. Durante las primeras semanas la a.t. acompañaba a la niña dentro del aula. Al principio sentándose a su lado, luego más lejos. Al cabo de unas semanas ya no entraba al aula sino que la esperaba en el patio. La niña de tanto en tanto salía a decirle algo o se asomaba a la ventana a verificar que aún estuviera allí. Fueron muy pocas las situaciones en las que fue necesario llamar a la madre a la escuela. Durante el último mes de acompañamiento se acordó que la a.t. recibiría a la niña en la puerta, la acompañaría al aula y luego saldría del establecimiento para pasar la mañana en un bar aledaño y con el teléfono celular encendido, en una especie de guardia pasiva. Si lucía lo necesitaba, llamaba y la a.t. se presentaba en la escuela. Este esquema le permitió a la niña no perder el año escolar y enfrentar las situaciones que desencadenaban el acceso de angustia pudiendo transcurrir la misma más allá del momento que anteriormente no podía trascender. Ni la madre ni los docentes podían realizar esa tarea y no por falta de tiempo o voluntad , sino por el lugar que ocupaban en la conflictiva de la niña. Al año siguiente la niña concurrió normalmente a la escuela.

(Agradezco a Cristina Rossi el material en el cual se basa esta viñeta)

martes, 10 de enero de 2012

Hospitalidad y extranjería en el acompañamiento terapéutico


trabajo presentado en el VI Congreso Internacional de Acompañamiento Terapéutico, Buenos Aires, 10, 11 y 12 de noviembre de 2011

Pablo A. Dragotto


En diversos trabajos acerca del acompañamiento terapéutico, encontramos, recientemente, referencias a la noción de Hospitalidad tal como fue planteada por Derrida. La ética de la hospitalidad sería para estos autores (Araújo , Dragotto y Frank (2006)) un modelo, una referencia para plantear ua ética del acompañamiento terapéutico. La idea de alojar sin precondiciones, aquello del otro que me resulta totalmente ajeno, es postulado por Derrida como un posicionamiento necesario en las sociedades de nuestros tiempos, caracterizadas por grandes movimientos migratorios y enormes desigualdades económicas y sociales. Esa idea es afín con la ética del AT en un sentido que sintoniza con los distintos movimientos que, en las últimas décadas ha logrado demoler las paredes del asilo psiquiátrico e instaurar, poco a poco, políticas a partir de las cuales los locos y la locura circulen en las ciudades y en las sociedades de la que son parte.

Sin embargo, quiero hoy focalizar nuestra atención en un aspecto cotidiano de nuestra experiencia como acompañantes terapéuticos. Al fin y al cabo, el concepto de hospitalidad, no deja de ser una idea política, planteada desde una posición dominante. De hecho, al formularla, Derrida lo hace desde la Europa rica y poderosa de fines del siglo XX y comienzos del XXI, en relación al fenómeno de la inmigración masiva de los excluídos del sistema económico imperante, provenientes de África, América y Asia quienes se arriesgaban y se arriesgan cotidianamente para burlar los muros, los perros y los gendarmes de la Union Europea en busca del sueño de hacerse “la Europa”. En ese contexto el concepto de hospitalidad discute y responde a la idea de “Tolerancia” propuesta por Habermas, planteando, precisamente, que hablar de tolerancia implica unas condiciones planteadas desde ese lugar de dominancia y poder: si tolero, tengo la capacidad de fijar condiciones y dejar de tolerar a ese otro. Incluso puedo expulsarlo de mi casa. La idea de hospitalidad plantea una apertura mayor de la casa, recibir a nuestro huésped sin reservas y sin condiciones. (Cita de Derrida)

Precisamente, los lugares de huesped y anfitrión estan claramente definidos.

De alguna manera el a.t., ante el loco, está imaginaria y socialmente del lado de los cuerdos, de las instituciones, del sistema de salud. Asimismo, de acuerdo a la ideologiá y las coordenadas teóricas y técnicas de su formación, el ejercicio del rol de a.t. lo llevan, precisamente, a dar un lugar a la palabra y la existencia del loco. Receptar, acoger, alojar… son significantes que escuchamos habitualmente en relación al trabajo del a.t. Orientan nuestra tarea cotidiana como acompañantes. Insisto: en tanto y en cuanto nos ubicamos como representantes de Otro mitigado, que renuncia a una cuota de su poder y se abre a recibir al loco sin condiciones, suspendiendo la respuesta marginadora y aplastante que habitualmente recibe

Quizás les resulte odioso lo que acabo de decir. Pero piénsenlo con cierta distancia. Despójense –si las tienen- de las buenas intenciones y la vocación samaritana o sanmartiniana… Al fin y al cabo trabajamos en transferencia y la transferencia otorga poder. El análisis y el acompañamiento terapéutico son disciplinas que implican un ejercicio estratégico de la transferencia y de la abstinencia en la utilización de ese poder transferido.

Ahora bien, dijimos que íbamos a hacer foco en experiencias cotidianas de acompañantes terapéuticos y, precisamente, en su trabajo, el visitante es el acompañante. La casa es la casa del paciente.

El at es un visitante que ingresa, por un tiempo, a un territorio que le es desconocido y en el cual su condición es, justamente, la de extranjero.

Es esta vivencia de extranjería la que quiero poner en consideración hoy ante ustedes, al proponerla como una característica definitoria del rol de a.t. y hacerla jugar con la idea de hospitalidad, no menos pertinente para pensar la etica en el AT.

Porque, independientemente de las connotaciones del at como representante del mundo de los cuerdos, en el aspecto más elemental y concreto de su tarea, cada a.t. que va a la casa de un paciente es un visitante, alguien de afuera que entra en ese microcosmos que es la casa del loco.

Las vivencias de extrañeza, de sorpresa, rechazo, miedo, angustia, ansiedad extrema, incertidumbre, desconfianza, son no solo frecuentes sino habituales en los primeros encuentros en casa del paciente.

Hablamos de ese ejercicio del rol de a.t. que constituye a definición paradigmática de esta profesión: el encuentro en casa del paciente. No desconocemos que recientemente y de la mano de la progresiva oficialización de las formaciones y de la profesión de a.t. asisitimos a una institucionalización del rol a partir de la cual muchos acompañantes comienzan a ser un profesional más dentro de las instituciones. Esta situación –importante conquista profesional- conlleva para algunos autores el riesgo de pérdida de aquello que es la herramienta de mayor potencia del AT: su posición marginal y su capacidad de intervenir in situ desde un lugar no institucionalizado, en la vida cotidiana del loco. Por nuestra parte, si bien observamos con atención esa posibilidad, consideramos que puede tratarse de una falsa disyunción entre el rol y el estatuto profesional del a.t. El rol del a.t., su trabajo de inmersión en la vida cotidiana de y con el paciente, como acompañante en andanzas por la ciudad, al lado del loco, no es necesariamente sinónimo de precariedada laboral. El logro de una titulación oficial, del reconocimiento de la profesión, de una plena inscripción en los deberes y los derechos como trabajador y como profesional no debería ser sinonimo de aburguesamiento, burocratización y encierro en las instituciones. Al respecto recomendamos la lectura del articula de Dozza y …….

Volvamos ahora a la clinica del AT, clinica andante, clinica en movimiento…

Decíamos entonces que la vivencia de extrañeza es caracerística del ejercicio del AT, en tanto situación de extranjería. El a.t. es un extranjero con permiso de visita al país del loco. Nunca un turista. Tampoco un ciudadano en ese territorio.

Cuando visitamos un país que no es el nuestro, si esa visita es voluntaria, suelen predominar sensaciones de dos clases: por un lado: expectación, entusiasmo, ansiedad, fascinación… por otro lado: extrañeza, desasosiego, inseguridad… reacciones ante lo desconocido, lo nuevo, lo diferente y lo ajeno.

Algo de eso nos sucede como a.t.s cuando vamos a la casa del paciente, especialmente en los primeros encuentros. Es lógico, quizás necesario, que así suceda. Esto quiero enfatizar: los sentimientos de extrañeza, el miedo, la ansiedad, etc. Son inherentes al trabajo del at en casa del paciente; no son un error ni un acting out. Constituyen una reacción esperable y lógica de la subjetividad del at en situación de extranjería y, por lo tanto es parte de su trabajo resolver qué hace con eso. Porque algo hay que hacer con eso.

Es entonces cuando cobra plena relevancia el dispositivo del AT que, a nuestro entender incluye: al o a los aa.tt., al paciente, el análisis del a.t., el equipo terapéutico y la supervisión. Eso es AT. No un acompañante y un paciente.

La vivencia de extranjería como inherente de la situación de A.T. contiene una riqueza y una potencialidad únicas para el devenir del tratamiento, en la medida en que pueda ser transitada, registrada y analizada a posteriori. En ese sentido , podriamos decir que funciona como una especie de portal de ingreso al AT con cada paciente: no es sin pasar por la sensación de extranjería que se se adviene a.t. Esto incluye sensaciones de confusión, angustia, indefensión, soledad, no saber qué hacer, rechazo, miedo, rabia hacia los familiares del paciente, entre muchas otras.

No en vano Maximiliano Peverelli y el equipo de Agora, dicen que alguien está en posición de a.t. cuando, en el trabajo con el paciente, irrumpe la pregunta “y ahora… ¿de qué me disfrazo?”.

¿Cómo sale el a.t. desde allí? ¿Hacia donde salir?

Ese es el problema: estas vivencias producen en nosotros, como aa.tt., la urgencia por salir de esa situación insoportable.

Las cosas se complican aún más por las exigencias superyoicas del a.t.: imbuido de la vocación asistencia, a la cual se ha sumado el ideal de la hospitalidad, la ideología de la inclusión social y los mandatos internalizados del tecnicismo…. Rechaza lo que experimenta: “No puedo sentir lo que siento!!” –piensa—“está mal sentir rechazo por el paciente”. No es raro que, en un intento por preservar el vínculo que se siente obligado a formar con el paciente (como si el vínculo pudiera “hacerse”), culpe a los familiares de la situación de éste y se alíe inconcientemente en una lucha contra ellos, identificado con aspectos parciales del paciente.

Otras veces, lo insoportable de la situación de extranjería, provoca apresuradas huídas: salir de la casa con el paciente, irse antes del acompañamiento o, incluso, abandonar el caso. Ahora sí estaríamos en el terreno del acting, no por lo que el a.t siente, sino si esos sentimientos lo llevan a actuar como reacción a sus sentimientos o rellenando con sus valores las aporías de la situación.

Pensemos juntos entonces, algunas alternativas que nos permitan transitar esos primeros encuentros del AT, en los que nos encontramos como inmigrantes recién arribados a un país extraño. Quizás lo primero sea no negar la situación de extranjería. Aceptar que no conocemos aún el lugar, el idioma, los códigos, los ritos: no conocemos al paciente, su casa, sus interacciones, sus padecimientos, sus ritos cotidianos, sus familiares, etc. ¿Cómo no sentirnos raros? Aceptar las sensaciones incomodas que nos sobrevendrán en los primeros tiempos, nos sentiremos “raros”, “descolocados”, angustiados…

Reconocer que tenemos un permiso de visita precario que puede caducar en cualquier momento. Hay allí una situación de difícil manejo clínico para el a.t.: por un lado, tanto el paciente como la familia tienen todo el derecho a interrumpir el acompañamiento cuando lo consideren. El acompañante teme ser expulsado, “deportado” y, a veces, es capaz de hacer cualquier cosa para evitarlo, incluso someterse a condiciones inaceptables o que condicionen peligrosamente el devenir del acompañamiento. Otras veces quiere huir.

Entender que nuestros “papeles” en ese país extranjero lo constituyen la indicación realizada por el equipo y la comunicación con el mismo. No somos inmigrantes ilegales, ni infiltrados, ni turistas, tampoco ciudadanos de ese país. Si el proceso de indicación del acompañamiento ha sido cuidadoso, es decir respetuoso del tiempo del paciente para aceptar el AT; se ha dado lugar a trabajar las dudas, los temores y las fantasías que esta indicación invariablemente despierta en pacientes y familiares; se han esclarecido equívocos y desconocimientos frecuentes respecto de tareas, roles y funciones del a.t.; si estos pasos se han dado en el proceso de indicación y puesta en marcha del dispositivo de AT, entonces tendremos a que remitirnos cuando surjan las primeras dificultades.

La sensación de extranjería es tolerable si sabemos que volveremos a casa cotidianamente, no solo en lo literal del volver a casa del at. –aunque éste sea un elemento a tener en cuenta al disponer frecuencia y duración de los encuentros— sino a los otros espacios del dispositivo en los que podemos pensar nuestra tarea: la reunión de equipo, la supervisión, el análisis del a.t.

Pero la situación de extranjería como inherente al AT no es solo padecimiento para el at, es aventura y deseo de acompañar. Ese deseo de entender, de seguir yendo al país del paciente, de incorporar lo ajeno, de soportar el rechazo…. Implica trabajo psíquico y vincular que tendrán sus efectos en la subjetividad del paciente. El esfuerzo del a.t. en perdurar en el rol, apoyándose en el dispositivo, transitando la incomodidad, despejando el campo para recuperar la capacidad de pensar, sentir y actuar terapéuticamente, ese esfuerzo que implica decodificar, entender, aceptar y transformar las demandas de las que es objeto.

jueves, 3 de noviembre de 2011

La palabra en acto: la legalidad clínica.

(fragmento del capítulo "Legalidades del AT" (de mi autoría) incluído en el libro "El AT como dispositivo" de Susana Kuras de Mauer y Silvia Resnizky, Letra viva, 2011)

Para el psicoanálisis la noción de Ley está indisolublemente ligada al registro de lo simbólico y por ende al orden del lenguaje, característica distintiva del ser humano.

Como sucede en toda actividad humana, en el acompañamiento terapéutico los fenómenos del lenguaje son determinantes en sus efectos y en la constitución de los modos vinculares que caracterizan al encuentro at-paciente. De más está decir que el uso de la palabra por parte del at se distancia considerablemente del que puede hacer el psicoanalista, pero también se diferencia de la inadvertida espontaneidad –si es que tal cosa existe- de la charla casual entre dos semejantes.

Una primera observación, obvia si se quiere, es que no es sin la palabra que se alcanza algún grado de legalidad y legitimidad.

Empezando por la palabra del terapeuta cuando nombra e indica el acompañamiento terapéutico, cuando esclarece a partir de las preguntas que puede traer el paciente y/o sus familiares, cuando presenta al at y al paciente.

Esa palabra autorizada por la transferencia otorga legalidad y legitimidad al at, a su lugar y a su trabajo. Esa palabra del terapeuta establece un campo y un orden para el desarrollo del vínculo paciente-at. Aun cuando las vicisitudes de la transferencia y de la vida cotidiana compartida pueda reservar infinidad de situaciones azarosas, extrañas, incluso desmesuradas al acompañante en su labor con el paciente, la indicación por parte del terapeuta y los esclarecimientos subsiguientes van excluyendo de la licitud de esa relación pares tales como: amigo-amigo, jefe-empleado, novio-novia, maestro-alumno, etc.; imagos sociales que acuden al espacio psíquico-vincular del paciente o de sus familiares para responder a lo inquietante de esa presencia del tratamiento –el acompañante—que irrumpe en lo cotidiano.

La palabra del paciente, cuando acepta el AT, convalida y ratifica la legitimidad de la inclusión del acompañante. De hecho el consentimiento informado ha pasado a ser un requisito ineludible para la implementación de los distintos dispositivos de tratamiento a partir de la sanción de las leyes de salud mental. De todos modos, aún cuando no lleguemos al instrumento formal del consentimiento informado, no es sin la palabra del paciente que el AT alcanza plena legitimidad en su implementación. En algunas ocasiones se trata de una palabra no proferida, el cese de una negativa que otorga licititud callando (como dice el proverbio popular).

Por su parte el acompañante empeña su palabra al ofrecer su saber-hacer al servicio del tratamiento del paciente, adecuando sus acciones e intervenciones a la estrategia terapéutica, a la subjetividad singular del paciente y al contexto en el que lleva a cabo el acompañamiento.

¡A días del congreso internacional de AT en Buenos Aires!

Ya falta poco y la expectativa es mucha. La semana próxima tiene lugar en Buenos Aires el 7mo Congreso Argentino e Internacional de Acompañamiento Terapéutico, organizado por AATRA (www.aatra.org.ar). Vienen importantes referentes del AT de México, Brasil, Uruguay y España entre otros países. Los temas de discusión son variados y de gran actualidad para nuestra disciplina.
Las inscripciones estan abiertas y pueden consultar los lugares de inscripcion enla pagina web de aatra.
En Córdoba: fundación Sistere, Av. Gral Paz 30 6t0 A, Cordoba. de lun a vie de 15 a 20 hs. www.fundacionsistere.org.ar info@fundacionsistere.org.ar

domingo, 29 de mayo de 2011

Un recuerdo de los inicios

Buscando en Internet encontré el link de este artículo del año 98 escrito por Laura Frank y Luis Leblebidjián, de las épocas en que estábamos dando a conocer el rol de at.
aqui les va:

vaya tambien un saludo para los amigos de la revista La fuente quienes hace años que sostienen la edición de una revista independiente y local en temas de psicología y salud mental.

visitenla que vale la pena.

www.lafuenterevista.com.ar

jueves, 25 de noviembre de 2010

El Senado Nacional aprobó por unanimidad la Ley de Salud Mental

TELAM
http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&dis=1&sec=1&idPub=204528&id=388321&idnota=388321

06:00 - SOCIEDAD


El Senado aprobó por unanimidad la Ley de Salud Mental


El Senado de la Nación aprobó hoy y convirtió en Ley por unanimidad de los 47 legisladores presentes una Ley de Salud Mental que reconoce la autonomía de las personas con padecimientos psicológicos y que, entre otras enfermedades, incluye las adicciones.

El proyecto reconoce la autonomía de las personas con padecimiento mental y su capacidad para decidir sobre lo que desea, y propugna la no discriminación de las personas por su situación de padecimiento mental.

Además, incluye a la temática de adicciones como parte del campo de la salud mental.

Por otra parte, establece que las acciones de salud mental deben realizarse en una red de servicios de salud mental basados en la comunidad y recomienda la internación de personas con padecimiento mental, como un recurso terapéutico a utilizar sólo en situaciones excepcionales y en hospitales generales.

Finalmente, promueve el trabajo interdisciplinario de los equipos de salud y establece que el diez por ciento del presupuesto de la cartera del área esté destinado a la salud mental.

El presidente de la Comisión de Salud, el senador radical tucumano José Cano, remarcó que "se trata de formular una ley que dé cuenta de un cambio de paradigma, que pase al paciente a ser un sujeto de derechos".

Además, Cano informó que de los pacientes con discapacidad mental "el 80 por ciento están internados desde hace más de un año y, en muchos casos, de por vida".

A su turno, la kirchnerista jujeña Liliana Fellner pidió avanzar con la aprobación de esta norma "para mejorar algo que no está bien en la República Argentina".

Además, Fellner señaló que el proyecto llegado al Senado en revisión desde la Cámara de Diputados contiene un error al incluir a los especialistas de laborterapia, cuando en realidad debería decir "terapista ocupacional".

"Queremos llevar tranquilidad a esos profesionales diciéndoles que la reglamentación de la norma, que quedará a cargo del Ministerio de Salud, salvará ese error", sostuvo Fellner.

La senadora oficialista tucumana, Beatriz Rojkés de Alperovich, agradeció al director del INADI, Claudio Morgado, quien se encontraba presente en el recinto, por "el impulso que le brindó a esta ley".

La justicialista disidente Sonia Escudero indicó que esta Ley "incorpora al derecho argentino los principios consagrados por las convenciones internacionales".

“Como el estado nacional no tiene hospitales, las provincias deberán ajustar sus leyes locales a esta ley modelo que marca un nuevo paradigma de derechos humanos a personas con alguna discapacidad mental", resaltó Escudero y aclaró que "no se está buscando el cierre de hospitales neuropsiquiátricos, sino que no se abran nuevos".