miércoles, 26 de enero de 2022

Fronteras, errancia, herencia. Ponencia en el Congreso Latinoamericano de psicoanalisis Fepal 2020

 

En primer lugar, quiero agradecer a la organización del congreso de Fepal, y en particular a Elizabeth Chapuy, la invitación a participar en esta mesa  Cruzando fronteras generacionales, en compañía de tan respetados y admirados colegas y maestros.  La invitación me sorprendió mucho, pero más aún me sorprendió escuchar mi voz aceptando rápidamente el convite. Supongo que me sentí halagado por la generosidad del  ofrecimiento dada la relevancia del espacio y la talla de mis compañeros de panel.

Cruzando fronteras generacionales se me presenta como un título sugerente y al mismo tiempo equivoco… ¿son fronteras las que separan a las personas de distintas generaciones? Y de ser asi… en qué sentido podemos decir que las cruzamos?

Tanto Marcelo como Janine han dedicado gran parte de su producción escrita a pensar cuestiones referidas a lo intergeneracional.

Si bien hablo en primera persona y a título personal, siento que represento en esta mesa a colegas que no me eligieron para estar aquí. No obstante elijo dar cuenta de ideas y experiencias compartidas con muchos de ellos a lo largo de años de ejercicio profesional y de la formación en psicoanálisis. Ojalá mis palabras resuenen en ellos y ellas de manera armónica.

Muchos de nosotros arribamos a los institutos de formación de las sociedades psicoanalíticas al cabo de años de recorrido personal y profesional. En mi caso, antes de comenzar la formación en la APC, estudié psicología, me formé en el tratamiento de personas con adicciones, trabajé como acompañante terapéutico, ejercí como psicólogo clínico, constituí con otros colegas la primer asociación argentina de acompañantes terapéuticos, participe en grupos de estudio y supervisión sobre Freud y Lacan, estuve en análisis más de 10 años…. Recién entonces me decidí, solicite ingresar y fui aceptado, para comenzar mi formación como candidato, en esta querida institucion y red de instituciones en las que uno es joven, casi niño, a los 40 años. Pocos clubes ofrecen ese privilegio.

Un psicoanálisis migrante, inmigrante,  emigrante.

En mi práctica,  me doy cuenta, persevero en el trabajo en territorios áridos. Practico el psicoanálisis con personas con adicciones y consumos problemáticos. Sujetos que prefieren la anestesia a la pregunta, el filtro del olvido a la lenta labor colaborativa, el trago de poción mágica a la aceptación de la falta que abre camino al deseo. Personas portadoras de marcas y estigmas, también el de inanalizables. Reconozco esa tozudez peregrina en varios de mis maestros y en no pocos de mis congéneres: psicoanalistas trabajando en territorios incomodos: en clínicas psiquiátricas, en el campo del autismo, en cárceles, a la vera de un arroyo Serrano desbordado...  no por afinidad por el exotismo, o por aplicar el método a cualquier situación. Freud nos libre del psicoanálisis aplicado... no, no somos muy aplicados precisamente... Más bien se trata de alojar el sufrimiento humano con nuestras preciosas herramientas, esas que siendo tan fáciles de transportar pueden utilizarse en cualquier lugar, aunque no de cualquier manera. Nos inspiran las y los que se animaron antes y se metieron a fondo.

Herederos huérfanos, traductores traidores.

Es siempre en nuestra condición de huérfanos como podemos heredar, -nos dice Masimo Recalcati- (…) ¿Acaso heredar no implica siempre el peligro de extravío? Las exigencias de las nuevas generaciones no son las de transgredir la Ley, sino que siga habiendo (…) un adulto capaz de dar testimonio acerca de la alianza entre la Ley y el deseo. El testimonio (…) emancipado de todo ideal de ejemplaridad y de toda programación, vive en el momento de pura contingencia.(…) No es una intención sino un acontecimiento que podemos reconstruir retrospectivamente.[1]

En APC durante los años de formación allí, se organizó una jornada  con Marcelo Viñar y Diana Sperling, en la que se trabajaría en torno a un material clínico. En un arrebato cuasi suicida me ofrecí a presentar un caso, el texto de varias sesiones de un paciente joven con consumos problemáticos de sustancias.  Intensa experiencia para mí.  En un momento,  ya al final, Marcelo  dijo: además de acompañar, como analistas, tenemos que clavar el cuchillo... En un consejo interpretación que se me aparece cada tanto y me sirve para no aflojar.

Fronteras, desplazados, wetbacks, disponibles.

Latinoamérica grita. Pienso en Roberto Bolaño en 2666; este continente de machismo y desmesura,  nuestro realismo, a secas, desmesurado y sincrético.  Latinoamérica habla. Escuchamos el desamparo desde nuestra precaria tienda de campaña.  Tienda de los milagros donde la magia del chispazo se produce cada tanto: ese chispazo de la apertura pulsátil del inconsciente que combustiona al tocar la escucha sensible del/ la analista receptiva, flotante, incisiva.

Cuando quería recibirme de psicólogo, hice mi road movie. Recorrí media Patagonia para conocer a quienes coordinaban grupos de alcoholismo en hospitales públicos del sur del sur. Pichón Riviere estaba ahí aunque hubiera muerto quince años antes. Me encontré con dos locos, médicos con estudios psicoanalíticos que en una jornada para enfermeras, agentes sanitarios, coordinadores de grupo, les enseñaban Winnicott.... Ese es el psicoanálisis que amo.

Un maestro me dice. “El futuro del psicoanálisis será si une su horizonte al de la salud pública....”,  y me llegó una vez más. 

Psicoanalisis / Salud Publica ¿Oxímoron? Ja, ¿vieron? Lo dije.  Oxímoron. Ahora sí que soy psicoanalista.... perdón tenía que decirlo...

El psicoanálisis que amo es más ese del hospital o el puesto sanitario que el de los oximorones de palacio.  El que mis admiradas amigas y amigos de APC disponible practican semana a semana atendiendo el teléfono a quienes gritan su desesperación, su angustia,  por la cuarentena,  el trabajo perdido, el familiar del que no pudieron despedirse, el miedo al contagio...  grito transformado en demanda, una vez más,  por una escucha sostenida en una transferencia a través del teléfono. 

Transferencia exprés” le pusimos en el grupo. Nuestro trastabillante grupo por meet de los miércoles a la noche. Adriana lo dijo creo, no me acuerdo bien, pero alguien lo cazó al vuelo y lo subrayó y ya quedó como concepto a trabajar. Un pequeño retazo de red para sostenernos al escuchar a estos compatriotas a los que se les abrió el piso bajo los pies. La transferencia exprés.  Ese es el psicoanálisis que quiero.

El que practican mis compañeres, convocados por un grupo de voluntarios que viajan anualmente a dar apoyo a una comunidad en la puna, donde un cacique pidió un psicoanalista. Alguien que los ayude a pensar para hacer algo diferente con lo que les sucede desde que se enteraron del abuso sexual a una niña de la comunidad. Y allí fueron, allí van,  José,  Adriana, Liliana,  Marcela a escuchar, pensar y ayudar a pensar. ¿Es psicoanálisis esto?, se preguntan. Y no falta -nunca falta- el didacta, docente o supervisor que diga que no, que eso no es psicoanálisis.... Tomemos el té en la cubierta del Titanic. mientras debatimos a quien le damos la cocarda de psicoanalista. Que gracioso, el corrector no reconoce cocarda y lo transformó en cobardía.  En fin, hasta los robots parecen tener inconsciente.  Ese psicoanálisis me enoja.

Psicoanalisis con los pies en el barro decíamos en mi grupo...

Este psicoanálisis balbuceante Caliban, embarrado de verdad, no solo como metáfora. Soñamos y trabajamos para que estas instituciones de mezclados (como dice Colette Soler) que son las nuestras alojen, reciban, festejen, relancen las prácticas y experiencias de sus miembros (entre ellos los candidatos). Muchas de esas prácticas y experiencias previas a la formación en IPA son comunitarias y/o en salud pública. Y les candidates las esconden, las disfrazan, las  omiten al entrar al palacio psicoanalítico. Volvemos al Titanic. ¿O seguimos impulsando nuestra balsa en el río barroso? A terceira margen do río.

Esta angustia desamparada,  de escucharnos y vernos tan desencantados. Aun así remando en este río lleno de lodo. Fecundo lodo inmundo en el que vamos esparciendo flores, redes y palabras pidiendo a Freud y a Iemanjá que no nos abandone la inspiración, las ganas de seguir, la disposición a escuchar.

Mezclados como estamos y como vamos en este año marcado por una pandemia que ha sacado a la superficie lo peor y lo mejor de todxs y cada uno, una, une. Manos anónimas que arrancan la bandera multicolor, monstruos vestidos de azul disparan a un joven, casi un niño asustado por el control policial,  cuyo amigo cometió el error de pisar el acelerador en vez del freno. Carceleros puestos a  cuidar la nursery. Pero también la multiplicidad de iniciativas impulsadas por grupos de analistas de nuestras instituciones que salieron rápidamente a ponerse a disposición de la comunidad, sumándose a los que ya lo venían haciendo.

Pienso que el psicoanálisis, nuestros psicoanalisis, tendran un futuro diferente si enlazamos el carro a las necesidades, sueños, deseos, luchas,  de las y los consultantes, a la gente donde esté y como esté.  ¿A la salud pública?

Pero uno por uno.

Siempre fue en una tienda de campaña.

Sin  fronteras. Pero con bordes.

 

Córdoba, septiembre de 2020



[1] Recalcati M (2014) El complejo de Telémaco. Editorial Anagrama. Barcelona (pp. 146 y 161).