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miércoles, 12 de agosto de 2009

Algo de lo social en los tratamientos y de los tratamientos en lo social

(Presentado en las PRIMERAS JORNADAS DE ACTUALIZACIÓN EN PROCESOS DE ORGANIZACIÓN, INCLUSIÓN Y PARTICIPACIÓN DE ADOLESCENTES Y JÓVENES Córdoba, 26 de noviembre de 2004)


Como psicólogo, mi mirada tiende a fijarse en el teatro interno de cada sujeto con quien trabajo. No obstante, en mi práctica cotidiana intento observar y escuchar el contexto en el que cada persona vive. Trabajando en instituciones lo social irrumpe.

Cada uno de nosotros es un actor social, con mayor o menor conciencia de serlo.

Al recibir la invitación a participar en estas jornadas, invitación que agradezco a los organizadores, en particular a Mariano Carrizo, éste enmarcó la temática diciendo: La idea es que puedas hablar de cómo la situación social actual influye, afecta, atraviesa, se expresa en lo cotidiano de los tratamientos por drogadependencia. La invitación me resultó al mismo tiempo fascinante y difícil. Mi primer impulso fue entrevistar a mis compañeros y colegas acerca de la situación o situaciones de la vida cotidiana de los pacientes que se presentan con mayor frecuencia y que pudieran entrar en la categoría de “sociales”. Luego la descarté, en parte por falta de tiempo, en parte por anticipar el resultado de tal relevamiento: un listado de carencias conocidas por todos, urgentes sin duda, pero acerca de las cuales seguramente hay gente más preparada que yo para reflexionar y discutir las acciones necesarias.

Opté por hilvanar algunas reflexiones personales, apoyadas en mi experiencia como psicoterapeuta, como docente y en datos de algunas investigaciones recientes.
Traigo algunos datos a modo de fotografías, recortes que pude obtener asomándome por encima de las paredes de mi propia formación profesional, de las instituciones en las que trabajo y de algunas escuelas. Y traigo también algunas reflexiones personales.

“La droga es mala” –- dicen – “La droga mata, destruye, confunde...”
“El problema no es la droga” – dicen otros – “es la sociedad, es la familia, es la globalización...”

En mi labor como docente, entreno acompañantes terapéuticos, agentes de salud que acompañan a personas en tratamiento por distintas problemáticas, entre ellas la dependencia a sustancias psicoactivas. En la clase acerca de las adicciones, al comenzar, les pido a los alumnos que digan en voz alta, a modo de lluvia de ideas, algunas características de los adictos. Las palabras que surgen son casi siempre las mismas: impulsivos, mentirosos, agresivos, manipuladores, inconstantes, etc. etc. Diez características negativas cada una positiva. Esas características delinean el identikit del estereotipo social del adicto: joven, de género masculino, con indumentaria de rockero o de cuartetero, choro de arma en mano o de los cajones de su mamá, consumidor de cocaína o marihuana... quien tenga datos se ruega aportarlos a la comisaría más cercana.
Lo que más me sorprende es que mis alumnos (la mayoría estudiantes avanzados de Psicología) no cuestionan el ejercicio, es decir suponen que, efectivamente, hay características típicas, repetidas, de los adictos: que son todos más o menos lo mismo.

Ese estereotipo es una caricatura repetida y propagada de mil formas: a través de los medios de comunicación, periodistas, médicos, psicólogos, docentes y autoridades se encargan de difundir el identikit, invariablemente acompañado de la consabida frase: “El flagelo de la droga”.

¿Qué flagelo? ¿Quién flagela a quién?

FLAGELO: del latín flagellum: azote o instrumento destinado para azotar. FLAGELAR: azotar. Fig.: vituperar, censurar con dureza.
DROGA: Palabra de historia oscura, procedente del norte, probablemente de Francia. “Cosa de mala calidad”, procedente de la palabra céltica que significa “malo” (droug, drwg, droch) que se habría aplicado a las sustancias químicas y a las mercancías ultramarina por el mal gusto de aquellas y por la desconfianza con que el pueblo mira toda clase de drogas.[1]

Pero, ¿Quién sostiene este flagelo? Un azote que nadie agarra ya sea para auto flagelarse o para azotar a otros. Un látigo suspendido en el aire como por arte de magia. Impersonal cosificación de un fenómeno social como cuando se dice: La corrupción, El terrorismo, el neoliberalismo y no se nombra a los responsables. Una licuadora de responsabilidades donde el problema es puesto siempre allá lejos en una nebulosa llamada “los otros”. Donde sigue imperando el “No te metás”. Los mismos periodistas que claman por soluciones al flagelo de la droga aceptan sin cuestionar las pautas publicitarias de bebidas alcohólicas.

Todos somos actores sociales (aunque miremos para otro lado).

¿Que queda por fuera del identikit?

La gran mayoría de las personas que padecen una adicción.
Los adictos que funcionan socialmente sin ruido. Los que trabajan. Los exitosos.
Las señoras de cuarentaypico a setenta, que hace años que no duermen sin su cuartito de alplax.
El personal de salud con fácil acceso a calmantes y anestésicos.
El cirujano que opera mejor después de un whisky.
El chofer de larga distancia obligado a manejar días enteros sin que se respeten sus horarios de descanso (y a intentar anular su necesidad de descanso con estimulantes químicos).
Los ancianos. Los deportistas. Los alcohólicos de todos los tiempos.
El psicótico que se automedica con marihuana.
Los niños.
Las mujeres, que solo llegan al 10% en los centros de tratamiento pero consumen igual alcohol y tabaco que los hombres, más mujeres consumen tranquilizantes que ellos y solo la mitad de drogas ilegales.[2]


El problema es que también quedan por fuera de los tratamientos. La caricatura está tan instalada que los dispositivos de tratamiento se arman para responder a quienes responden al identikit... ¿y los que no? Rebotan, abandonan, no concurren... “si ellos no son adictos... de verdad” Así se refuerza la negación del problema por parte de la persona y se consagra el estereotipo.
Vayan a cualquier institución especializada y encontrarán a aquellos adictos que responden o se acercan al identikit. Pero ¿es esa la realidad de las adicciones en la comunidad?

FOTO 1





Datos tomados del estudio (en etapa de redacción final) de la población en tratamiento en Programa Cambio- 1ra. Consulta. 2003-2004

§ EDAD Media: 20.44 D.S.: 6,17

§ GENERO: masculino 87% - femenino 13%
§ SUSTANCIA Primaria de consumo: marihuana 76.5%, Cocaína 14.8%
§ ALCOHOL: el 95 % consume alcohol
§ CAUSAS PENDIENTES: 35% de los pacientes


FOTO 2
En un estudio realizado en 2002 desde las áreas de prevención e investigación de Programa Cambio, sobre actitudes en niños escolarizados de 11 años de edad promedio (5to grado). se encontró que:
§ A los 11 años de edad, a uno de cada diez niños alguien les había ofrecido drogas alguna vez. De ellos, la mitad (5%) habían consumido. El riesgo parece ser de 2 a 1 en varones y mujeres respectivamente.
§ Uno de cada 4 niños tiene amigos o compañeros que han probado drogas.
§ Uno de cada tres niños ya ha tomado bebidas alcohólicas.
§ Ante la pregunta ¿Qué puede hacer un niño que quiere ayudar a su madre quien ha quedado nerviosa después de un asalto? Un 15% de los encuestados marcaron como primer opción “darle pastillas para los nervios”.
§ Aquellos niños que reportan no contar con apoyo familiar ante los problemas manifiestan haber consumido drogas o alcohol en una relación de 2 a 1 con los niños que cuentan con apoyo familiar “siempre” o “casi siempre”.


Necesitamos dispositivos especializados... sí. Y también accesibles geográfica y económicamente.
Pero también necesitamos romper con el mito del especialista como única ayuda posible. El conocimiento y uso de algunas herramientas básicas de prevención y motivación para el tratamiento por parte de los agentes de salud que trabajan en la comunidad podría ayudar a que los que no forman parte del identikit puedan recibir ayuda. Para ello la red asistencial debería complejizarse, ampliarse y diversificarse. Y la red preventiva (formal, oficial, sanitaria) debería existir (la informal, comunitaria, real, sabemos que existe y trabaja a diario).
Terminar con los mensajes simplistas, reduccionistas. No hay formulas mágicas. Las adicciones son un problema de salud poblacional de alta prevalencia y de larga data. Pero se agrava porque las sustancias psicoactivas llegan a los niños cada vez más temprano, las acciones preventivas aparecen inconexas y tardías y la oferta terapéutica es exclusiva y deja por fuera a gran parte de la población.
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[1] Corominas J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana. Gredos. Madrid. 3ra. Ed. 1973.
[2] Míguez H. (2000) Consumo de sustancias psicoactivas en Argentina. Acta psiquiátrica y psicológica de América latina. Vol. 46/ N°3.

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